← Karen Solar · Entre letras y susurros

VERSOS AL VIENTO

Tres poemas para conocernos

Tres poemas de Susurros de mi alma, de Karen Solar.

Transformación

Para mis hijos con amor. La casa ahora canta en silencio, sus paredes guardan ecos de risas de esos pasos pequeños corriendo por todo el lugar. En la soledad de estas habitaciones he aprendido a escucharme, a encontrarme. Entre los ecos del ayer y los del hoy voy aprendiendo a ser mi propia compañía, sin miedos. En este presente, sin voces, agradezco el susurro de mi propio aliento, el latir pausado de mi corazón. En esta soledad florezco, miro que el silencio es mi aliado y el reflejo del pasado me sonríe, recordándome que, aunque ya no están, siento cómo corren y corren esos pasitos pequeños llenando todo este lugar.

El susurro de tu voz

Podría escucharte por horas, escuchar el susurro de tu voz, nombrarme. De solo imaginar que tus ojos pudieran mirarme y la voz de tu alma, tocarme, en mi rostro volverían todas esas sonrisas que perdí la vez que me dejaste. Y aunque el silencio pesa en el aire, el eco de tu voz sigue en mis pensamientos como un murmullo que nunca se va. A veces cierro los ojos y, en la distancia, siento tu aliento rozar mi piel susurrando lo que ya no somos, lo que el tiempo nos robó. Tus palabras invisibles me envuelven como el viento, llenando el vacío que dejaste. Entonces, a veces me pregunto si podrán sanar lo que se rompió. Sin saber, aun así, me aferro a cada sílaba, a cada nota que nunca llegó; las puedo escuchar en mi mente y en ese susurro que vivo, entre lo que fue y lo que pudo ser. Espero el día en que tu voz ya no sea un recuerdo, sino la melodía que vuelva a todos mis días.

Eternamente tú

A ti mi Luisa Cruzando por los pasajes de mi vida, veo sutil el recuerdo de tu mirada. Tu mirada me buscaba y yo te anhelada, sin saber que caminabas a mi lado con firmes pasos a través de mi alma. Y yo, dormida, casi sin rumbo, me encontraba. Cada noche caminaba y caminaba, añorando tus caricias cálidas y tu sonrisa de cristal. En la inmensa llanura de la noche me saciaba con nuestros recuerdos eternos y verdaderos. Y, como ríos de aguas de vida te sentía, te imaginaba, y te mantenía viva dentro de mi ser. Entonces, cada noche caminaba y caminaba, encontrándonos otra vez.
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